Manuel Antonio Domínguez Gómez


Escrito por Barbara Arosio Galimberti

Manuel Antonio Domínguez, o bien “El Hombre Sin Cabeza”,  ha nacido en Huelva en 1976, donde ha empezado su formación en Técnico Superior de Obras de Decoración, siguiendo con Bellas Artes en Sevilla (con un año pasado en la ciudad de Palermo) y realizando al final su doctorado en Valencia; fue allí que empezó a enfocar su técnica tan meticulosa y preciosista sobre temáticas relacionadas al género viendo el arte como una posibilidad  de comunicación fundamental e insustituible en ese sentido.

Desde el 2000 Manuel realiza exposiciones colectivas e individuales y ha recibido numerosos  premios,  entre los cuales, recientemente, el  Premio Pintura Internacional, otorgado en Mayo de 2012 por la Fundació Guash Coranty.

Actualmente trabaja con la Galería Ángeles Baños. Sus últimos proyectos han  sido expuestos en la feria Justmad3 (Madrid) y en la Galería Mecánica (Sevilla), con  una exposición individual en  Marzo de 2012.

Hombre Sin Cabeza, el nombre elegido por Manuel Antonio Domínguez para su alter ego, es el destilado de su poética, “una utopía” como el mismo la define, que representa el deseo de una idea de persona que “rechaza la realidad, la conciencia, el autocontrol de lo emocional”.

Su trabajo de construcción y de-construcción de las masculinidades tiene un hilo rosa como hilo conductor, como elemento común, diferenciador de roles para los imaginarios colectivos, que llega a parecer algo sanguinolento, mientras para el autor es, simplemente, rosa: es una supuración rosa…ni más ni menos que una contención de ciertos caracteres que sobresale.

Los mensajes de Manuel son algo que llega a nivel epidérmico, superficial, casi inmediatamente, a través de sus técnicas de acuarelas preciosistas junto a  collage y desde allí  empieza la eterna búsqueda de comprensión, incluso  complicidad.

Hombre Sin Cabeza, el nombre elegido por Manuel Antonio Domínguez para su alter ego, es el destilado de su poética, “una utopía” como el mismo la define, que representa el deseo de una idea de persona que “rechaza la realidad, la conciencia, el autocontrol de lo emocional”.

Su trabajo de construcción y de-construcción de las masculinidades tiene un hilo rosa como hilo conductor, como elemento común, diferenciador de roles para los imaginarios colectivos, que llega a parecer algo sanguinolento, mientras para el autor es, simplemente, rosa: es una supuración rosa…ni más nimenos que una una contención de ciertos caracteres que sobresale.

Los mensajes de Manuel son algo que llega a nivel epidérmico, superficial, casi inmediatamente, a través de sus técnicas de acuarelas preciosistas junto a  collage y desde allí  empieza la eterna búsqueda de comprensión, incluso  complicidad.

Sus imágenes provocan algo de confusión, la ambigüedad es soberana,  la mirada de quien observa se desvía e inmediatamente se vuelve insistente.

Probablemente ha sido  la intriga lo que me ha guiado hacia su obra, en la que escenarios emblemáticos  presentan un imaginario explícito, fragmentado y sutil donde detrás se celan  historias móviles que se independizan de lugares comunes o de aquellos clichés tan excesivamente formularios.

El  interés de Manuel Antonio Domínguez se dirige hacia una dimensión reconocible donde existe una conciencia del límite entre las imágenes del  imaginario colectivo  y el potencial que supone  el ensamblaje de las mismas.

Así, Manuel Domínguez, recopilando imágenes desde su universo cotidiano e intimista, indaga sobre nuevas construcciones de la identidad y de-construyendo los estereotipos, nos ofrece  retratos de identidades  que esta vez se definen por rasgos propios,  y quizás con algunas desviaciones en sus biografías.

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Manuel Antonio Domínguez Gómez

 
 

Una parodia de la virilidad. Una mujer con actitud de izquierda. Mujeres de izquierda es la primera pieza que desarrolla el concepto de la representación de la masculinidad femenina en la obra de Manuel Antonio Domínguez. Tras una trayectoria en la que el autor ha puesto su lente en la construcción y de-construcción de las masculinidades hegemónicas, el artista elige esta vez representar a una “Eva” que transgrede los imaginarios colectivos al colocar la manzana en su mano izquierda. Así, cambiando el orden original que representaba la acción de ofrecimiento de Eva a Adán por medio de la diestra,  se busca la transgresión a través de la alteración de las propias etiquetas. La obra presenta, en conjunto, a una mujer que se autoabastece, una jinete que irónicamente ofrece a su propio y débil elemento fálico incapaz de sostenerse por sí mismo. La valía y el poder de ese levantamiento se nos representa como algo completamente ridículo, sujetado por elementos de una fragilidad irrisoria, como se observa en la pieza. Habría que ponerse a ver muchas veces la misma cosa, pararse a ver qué hay detrás. ¿Dónde está la etiqueta? La etiqueta está fuera, en la elección de la simbología para representar la masculinidad. Resulta paradójico descubrirse condicionadxs por nuestras propias percepciones. Escrito por Barbara Arosio Galimberti