Angela Alonso (Savage Girl)


Escrito por Izaskun y Natalia

Esta historia de amor empieza con un lápiz.

En 1988 una niña de 5 años que juega con ceras de colores y plastidecor colorea a Frankestein y a Mazinger Z voladores, mientras canturrea “boys boys boys” y sueña con el gato de “Alicia en el país de las maravillas”.

Usa más el negro que el rosa en sus obras de arte de la “Belle Epoque” de su infancia, quizá porque desde el principio sus ojos eran dos pequeños agujeros negros que decoraban el mundo con la curiosidad de un gato. Ángela saca su amor a borbotones y desabrocha mejor la tristeza sobre el papel mudo que en el boca a boca. Será porque aprendió a hablar antes con sus manos mientras dibujaba.

Una terapia de choque que lleva practicando desde que tuvo la suficiente capacidad para sostener en sus manos un lápiz. Estudió Bellas Artes porque no podría ser de otra manera, y una vez acabada la carrera emprendió su trayectoria profesional como diseñadora gráfica. Entre tanto ha dado rienda suelta a diferentes facetas dentro de la cultura urbana. Pinta, diseña, ilustra y lo hace combinando toda la clase de materiales y soportes.

Amante de las tablas de skate rotas, corazones anatómicos acuchillados, calaveras siamesas, mujeres barbudas. Amante de todo lo degenerado y lo desgenerado, ha participado en exposiciones colectivas como Getxo Arte ´06 y ´07 o en la itinerante “Puni Puni. Miradas cruzadas sobre creación gráfica entre 18 artistas japonesas y españolas”.

En 2009, su exposición individual “Pur(t)a Vida” en Gko Gallery trasladándose, en 2010, a Belaza Gallery en Bilbao. En 2011 presentó su última expo “Strange Wonders” con la que tuvo mucho éxito y repercusión.

Actualmente participa en la exposición “GRAFIKA. 30 ARTISTAS DE LA ESPAÑA JOVEN”  que se ha podido visitar en Madrid, en la sede del Instituto Cervantes y que a día de hoy está en continua itinerancia por toda Europa.

Hay personas que veneran los artículos de lujo. El caviar, el champange francés, las joyas de la corona. Hay personas (las hay) que adoran la comida delicatessen, los hoteles de 4 estrellas y a las rubias tipo patrón Paris Hilton.

Zapatos caros o ropa de alta costura no es lo primero que me viene a la cabeza  cuando veo a Ángela elaborar un inventario de las cosas que admiraveneradevora.

La imagino recortando bigotes, capas y extremidades deformadas y superponiendo las piezas como un puzle caótico donde el paisaje es más bien uno apropiado del Parque del Terror que de Walt Disney.

Hay personas que pasan a la historia por ser altos y rubios, por sus cuerpos esbeltos o sus sonrisas de revista. Por sus voces de tenor o sus uñas nacaradas. Por su silicona o su visa oro.

Vaya… pero no. No es ese tipo de gente lo que a ella le provocan girarse en mitad de la calle o sentir un escalofrío. No son ellos quienes desatan un ciclón en sus entrañas y la empujan a crear. Un día hace ya algún tiempo la oí decir “Igual no creo en Dios, pero creo en los faros”.

Desde entonces sé que en su destino está perderse y salirse a ratos del camino, garabatear el caos y el silencio y hacer de ellos “historia”. Y una que se precie en su trayectoria ha de ser algo poco normal. Cuanto menos raro. Cuanto más freak. Cuanto quieras queer. ”Mira mamá, tengo barba” es una de esas obras.

Desatada en su mundo interior la pasión por los freaks shows (del s. XIX) al menos desde que vio la película de Browning “Freaks”, hoy en día evoluciona  y crea fiel a un caos ordenado en sus ideas que gira en torno a la admiración por aquello que es diferente. Y es que esos freaks que ella adora, son siempre personajes con historia. La comedia o los dramas de sus pasados, una hoja en blanco que el espectador ha de escribir a su antojo.

Ella siembra la semilla y el resto es cosa nuestra.

Bravo Savage, que los faros te acompañen.

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Angela Alonso (Savage Girl)

 
 

Rar*s, freaks, queers, degenerad*s y desgenerad*s. Títulos que deslucen las cubiertas que envuelven historias vitales que sólo algunas personas se atreven a destapar para que luzcan con todo su esplendor humano.   Eso nos evoca “mira mamá, tengo barba”. Una transgresión a la norma y a lo moral. Una oda a la belleza de la singularidad. Escrito por Izaskun y Natalia